Un bar de la Avenida La Española, en Cartagena, me llamó hac
Un bar de la Avenida La Española, en Cartagena, me llamó hace unas semanas porque el cierre metálico se había quedado a medio bajar justo a la hora de cerrar. Nada grave, pero el dueño no podía irse a casa con el local medio abierto.
Con los negocios el problema casi nunca es la cerradura en sí, es el ritmo. Un bar, una peluquería o una tienda de barrio no pueden esperar a que un cerrajero les haga hueco al día siguiente. Si el cierre falla a las nueve de la noche, hay que resolverlo a las nueve de la noche.
Trabajo solo, con la furgoneta como único local de Narro Cerrajeros, y eso tiene una ventaja para este tipo de aviso: no hay que coordinar con nadie, subo y listo. Como cerrajero en Torre-Pacheco salgo para allá casi a diario, está a un salto de furgoneta.
En ese bar acabamos poniendo una instalación de cerrojos de seguridad en la puerta trasera, la que da al callejón, porque el cierre delantero ya iba bien una vez ajustado. Cosa de media hora.
Si tienes un negocio y la persiana o la puerta te están dando guerra últimamente, mejor mirarlo antes de que pase a mayores. Cualquier cosa me llamas.